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martes, 30 de julio de 2013

MARIE BONAPARTE


La sobrina nieta del emperador Napoleón, rica heredera y casada con el príncipe Jorge de Grecia, Marie Bonaparte (1882-1962) fue una figura clave en la difusión del psicoanálisis. Conoció a Freud en 1925, cuando ya había recorrido una vida venturosa en muchos sentidos.
 “En la época en que Marie Bonaparte obtuvo su consulta con Freud, no existía aún ninguna sociedad psicoanalítica en París”, nos recuerda Celia Bertin en su pormenorizada biografía de esta discípula del maestro del psicoanálisis, que se destacaría ella misma por sus aportes en la exploración de la sexualidad femenina. “Francia era una fortaleza difícilmente accesible; hasta entonces los esfuerzos de penetración habían resultado vanos. Freud achacaba tal fracaso a la ‘perpetua alusión al genio latino, que [debía] clarificar el psicoanálisis’. Existían motivos menos honrosos: no escaseaba la xenofobia, como tampoco el antisemitismo.
 El medio psiquiátrico -el medio médico en general- era conservador. Por ello mostraba una gran reserva hacia esa nueva ‘ciencia’ extranjera, y judía para más inri”.
 El dinero e influencia de Marie Bonaparte no sólo servirían para introducir el psicoanálisis en Francia, sino también para ayudar a Freud y a muchos intelectuales judíos a huir del nazismo.
  Como señala Élisabeth Roudinesco en el prólogo, “si Lou Andreas-Salomé fue para Freud la encarnación de la inteligencia, la belleza y la libertad -algo así como la Mujer, a la par sublime y carnal-, Marie Bonaparte fue más bien la hija, la alumna, la discípula, la admiradora, la rendida embajadora”.
  Bertin cuenta la vida de esta aguerrida mujer que se transformaría ella misma en psicoanalista, con bien documentada información y fluido estilo, con no pocas anécdotas de este tenor: “Otro día Freud dice a Marie: ‘No cabe duda de que el psicoanálisis no puede modificar el carácter. Usted, por ejemplo, conservará siempre el conflicto fundamental de su vida. Lo masculino y lo femenino juntos en su persona. Pero el psicoanálisis puede dejar a un lado las apariciones enfermizas de ese conflicto y liberar las fuerzas psíquicas actuando útilmente. Ello ilumina, enseña a dominar’. Le parece ‘bisexuada’. Lo cual le permite comprender a los hombres, al portar ella misma un hombre en su interior, asegura. 
  Freud emite otros juicios que le agrada oír: ‘Lou Andrea-Salomé es un espejo, no posee ni su virilidad, ni su sinceridad, ni su estilo’ ”. Publicó Tusquets.

Publicado en El Litoral.com