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sábado, 22 de junio de 2013

ALEKSANDRA KOLLONTAI


Aleksandra Mijáilovna Kollontái (en ruso): Алекса́ндра Миха́йловна Коллонта́й) (San Petersburgo, 19 de marzo 31 de marzo de 1872-Moscú, 9 de marzo de 1952) fue una destacada política Comunista, revolucionaria y feminista rusa, defensora de los derechos de la mujer.
Nació en una familia aristocrática y fue educada por un instructor particular. Desde muy joven se interesó por el marxismo y estudió historia del trabajo en Zúrich, Suiza. Se afilió al Partido Obrero Socialdemócrata Ruso en 1899. 
Participó en los acontecimientos revolucionarios de 1905, tras presenciar la matanza de obreros frente al Palacio de Invierno. Kollontái trabajó escribiendo artículos y organizando a las trabajadoras rusas. Tuvo que exiliarse a raíz de la publicación de un artículo titulado ''Finlandia y el socialismo'' en el que animaba a los finlandeses a sublevarse contra la ocupación rusa. Esto le dio oportunidad de viajar por toda Europa, entrando en contacto con diversos partidos socialistas en países como Alemania, Gran Bretaña y Francia.

Se opuso activamente a la Primera Guerra Mundial, por sus motivaciones imperialistas al servicio de la clase dominante.
 En este sentido participó en la Conferencia de Zimmerwald en 1915. En esta época también se unió a los bolcheviques y viajo por diversos países haciendo campaña contra la guerra.
En 1918 Kollontái fue una de las organizadoras del ''Primer Congreso de Mujeres Trabajadoras de toda Rusia''. De este congreso nació el '[Zhenotdel] (Departamento de la Mujer)'', un organismo dedicado a promover la participación de las mujeres en la vida pública, y en proyectos sociales, y de manera muy especial la lucha contra el analfabetismo.
 El ''Zhenotdel'' tenía su propia revista llamada ''Kommunistka'' (Mujer Comunista) y Kollontái era parte de su Consejo editorial. Todo este esfuerzo que consiguió poner las bases para el surgimiento de la mujer nueva en toda Rusia.

En 1921 Kollontái fue cofundadora de la ''Oposición Obrera'', que encabezó con el dirigente de los trabajadores metalúrgicos Alexander Shliápnikov, la cual formuló las consignas de entregar la dirección de la economía un ''Congreso de productores'' y establecer la dirección de las empresas y fábricas por los sindicatos y elegir a los principales administradores por los trabajadores.
 El Congeso del partido ordenó disolver este grupo, decisión que fue apelada inútilmente ante la Internacional Comunista.
Aleksandra Kollontái quedó marginada y perdió su influencia política. En 1923 pasó al servicio diplomático. Fue nombrada embajadora de la Unión Soviética (primera mujer embajadora de la historia) en Noruega y posteriormente en Suecia y México.
 En Suecia tuvo como médico personal y amiga a la líder feminista Ada Nilsson, con la que mantuvo después una afectuosa correspondencia, encargándole incluso los medicamentos que no podía obtener en la URSS. También formó parte de la delegación soviética en la Sociedad de Naciones.
 Este exilio dorado la salvó, primero de las deportaciones que a partir de 1927 que afectaron entre otros a sus compañeros de la ''Oposición Obrera'' y a la ''Oposición de Izquierda'' y luego, en la década siguiente, la salvó de morir ejecutada cuando, uno a uno, los antiguos dirigentes bolcheviques corrieron esa suerte.
Entre tanto, Stalin revocó parte de las medidas que les garantizaban la plena igualdad de la mujer y su emancipación completa.
Fueron penalizados nuevamente la homosexualidad 1934 y el aborto 1936; se reactivó la propaganda en favor de la familia; y se reintrodujo la educación separada entre los sexos; el divorcio no se prohibió, pero se cobró por los trámites e hizo mucho más difícil; la moral tradicional volvió a imponerse en la relaciones familiares y personales.
Fue sólo la masiva participación de las mujeres soviéticas en la guerra contra el nazismo la que les devolvió los derechos.

Aleksandra Kollontái es recordada como uno de los paladines del movimiento feminista.