BIENVENIDOS

BIENVENIDOS

jueves, 12 de enero de 2012

DIGNIDAD Y EDUCACION

No es casual que las mujeres más poderosas del siglo XX se hayan desarrollado en países libres.
Entre las mujeres más poderosas del siglo XX, según la revista “Time”, con sede en Estados Unidos y ediciones en Reino Unido (Londres), China (Hong Kong), Canadá (Toronto) y Australia (Sídney), figuran tres premios Nobel. Laura Jane Addams, líder de la lista, obtuvo el de la Paz en 1931 como pionera del trabajo social y el feminismo. Su labor la inició en Chicago, en 1889, donde brindó asistencia a inmigrantes a través de la Found House. Marie Curie, polaca nacionalizada francesa, ganó los de Física (1903) y Química (1908), por sus estudios en el campo de la radioactividad.
En la nómina figuran también políticas (Corazón Aquino, Hillary Clinton, Indira Gandhi, Golda Meir y Angela Merkel), una ecologista (Rachel Carson, autora del libro “Primavera silenciosa”), una diseñadora de moda (Gabrielle Bonheur, “Coco Chanel”), una cocinera (Julia Child), dos cantantes (Aretha Franklin y Madonna), una empresaria (Steé Lauder), una antropóloga (Margaret Mead) y una jurista (Sandra Day O’Connor). Lo anterior confirma que las mujeres poseen “todo el potencial de desarrollo que los hombres tienen; hay diferencias, pero son iguales”, como advierte la brasileña Dilma Rousseff, ejemplo de que también pueden ser presidentas. En México podría lograrlo Josefina Vázquez, después de que Rosario Ibarra, Cecilia Soto y Patricia Mercado lo intentaron sin éxito. “Si el PAN postula a Josefina, hasta los hombres votaríamos por ella”, me dice un amigo empresario de La Laguna que no comulga con ruedas de molino, entre sorprendido y molesto por ver a Alejandro Gurza ahora en la corte de López Obrador.
No es casual que las mujeres más poderosas del siglo XX se hayan desarrollado en países libres, con excepción de Filipinas, saqueado por la dictadura de Ferdinand Marcos. Por lo mismo, tampoco extraña que entre las elegidas de “Time” no figuren latinoamericanas. Limitar a la mujer se revertirá siempre contra las sociedades que le asignan lugares secundarios y dejan a los hombres decidirlo todo; mal, especialmente en política. El quid consiste en incoporarlas a actividades sociales, económicas y gubernamentales sin perder de vista su papel de formadoras del hogar.
Carolina Viggiano, presidenta del DIF, declaró el 2 de enero al programa radiofónico “Libre”, que conduce Antonio Dávila, que la asistencia social tendrá un enfoque integral en el gobierno de su esposo Rubén Moreira, para que la mujer y la familia tengan vías de desarrollo y no solo reciban ayuda temporal o en situaciones de emergencia. El obstáculo, se le planteó, es la cultura paternalista que arraigó bajo el pretexto de que el Estado tenía la solución a todos los problemas. Es decir, el Estado benefactor al que Ludwing Erhard —padre del milagro económico alemán de la posguerra— se opuso por crear dependencias “que a la postre solo producen súbditos”, “matan la libre mentalidad del ciudadano”, enajenan y al final “paralizan la voluntad individual” y provocan “un descenso del rendimiento económico del pueblo”. ¿Cómo evitar que los programas sociales se condicionen al voto, que no obedezcan a criterios puramente clientelares? La diputada Viggiano responde que el estado reúne dos condiciones para vencer tales inercias: el grado de escolaridad y la dignidad de las personas. Si ambas fuerzas se liberan, Coahuila —con sus mujeres— habrá dado un gran salto.
Publicado en Milenio On line