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domingo, 5 de junio de 2011

HELENA DE TROYA UNA ETERNA LEYENDA DE AMOR


Algunas versiones de la leyenda eximen de culpa a Helena, atribuyendo a los dioses toda responsabilidad de la guerra. Ellos hicieron a Helena excesivamente bella, y la predestinaron a provocar la destrucción. Especialmente Hera (Juno) y Atenea (Minerva) deseaban la ruina de Toya para vengarse de Paris, que las había relegado a favor de Afrodita (Venus) al elegir, como árbitro de una competición entre las tres, a la más bella inmortal del Olimpo. Helena sirvió entonces sólo de instrumento de la cólera divina
Pero para muchos autores Helena es un personaje malvado. Así la considera, por ejemplo, Hesíodo (sigloVIII a.C.) la repudia como “impúdica, que partió por su propia voluntad”, y deplora el absurdo de una guerra emprendida por pasiones viles. En varias tragedias y en un drama satírico. Eurípides (480?-406 a.C.) también ataca vigorosamente a la princesa espartana. Pero en la obra Helena el mismo autor trágico acaba rehabilitándola.
Otros escritores la encaran como el tipo inmortal de la perfecta belleza. Clément Marot (1496-1544) y François de Malherbe (1555-1628) la enaltecen en ese sentido. La Fontaine (1621-1695) la llama “La maravilla del mundo”. En la obra “La guerra de Troya no sucederá”, Jean Girandoux (1882-1944) la presenta como una criatura impasible, amoral, frívola, y D´Annunzio (1863-1938) la transforma en una alegoría de la misma Grecia.
En las artes plásticas, la leyenda de Paris y Helena inspiró a escultores y pintores de varias épocas, pero adquirió mayor popularidad a partir del renacimiento.
Sus padres fueron ZEUS y Leda, mujer del rey Tíndaro de Esparta y tuvo tres hermanos: Cástor, Pólux y Clitemnestra. Helena de Troya nació de unos de los huevos que puso Leda cuando fue seducida por ZEUS. De pequeña fue raptada por el héroe Teseo que quería casarse con ella, pero sus hermanos la rescataron. Helena provocó el inicio de la guerra de Troya al acompañar a Paris, príncipe de dicha nación, au patria. Paris la obtuvo gracias a AFRODITA, en contraprestación a haber elegido a ésta como la diosa más bella. Ante su huida con Paris, Menelao, su marido, llamó a todos los reyes de Grecia, que se unieron a él para resarcir con una guerra la afrenta de que habían sido objeto por parte de los troyanos. No está
totalmente claro el papel que tuvo Helena durante la guerra. Parece ser que se pasaba el día en la torre del palacio de Troya donde tenía un telar con el que tejía todas sus desdichas mientras se lamentaba del instante en que había tenido la debilidad de dar oídos a un extranjero y marcharse con él. Cuando Paris se murió, se casó con Deífobo, que también era hijo de Príamo como Paris. Pero cuando Troya fue tomada, Helena entregó a Deífobo de la manera más indigna a los griegos, que lo apuñalaron. De esta forma Helena pretendía reconciliarse con Menelao, y así fue. El hijo de éste, Atreo, la llevó a Grecia junto a él en un viaje complicado porque los dioses provocaron varias tormentas que les hicieron pasar por Chipre, Francia y Egipto. Ya en Esparta fueron muy felices hasta la pronta muerte de Menelao. Entonces, fue echada del Peloponeso por indigna y acudió a Rodas donde la recibió la reina Polyxo que la colmó de atenciones a su llegada pero al día siguiente ordenó su ahogamiento en el baño y que muerta fuese colgada de un horca.
Pronto llega a Troya la noticia de que hay una mujer cuya belleza inflama los corazones humanos como fuego divino.
Movido por su destino trágico que lo marcara desde su nacimiento, Paris debe cumplir una embajada en Esparta. Y así reúne la escuadra fatal y cruza los mares en busca de su sino.
En la corte espartana, Menelao recibe al extranjero con todos los honores debidos a un huésped de ilustre.
Paris colma a Helena de ricos presentes, collares, piedras preciosas, pulseras de oro, ropas de lino.
Gentil y cortés, acaba persuadiendo a Helena. Al principio, ella se niega todavía de aceptar ese amor. No quiere traicionar a Menelao. Después se da cuenta de que en su corazón ya lo ha traicionado. Y el cuerpo es sólo un instrumento del deseo que vive en ella como un martirio insoportable.
Al día siguiente los amantes deben de huir, simulando un rapto del que los siglos venideros tendrían noticia. Quieren evitar a Menelao el gran dolor de saber que su esposa consintió en seguir al extranjero.
El camino del puerto está libre para los fugitivos. Al ver el mar calmo y azul que los aguarda, hasta el remordimiento los abandona. pueden partir y vivir sin amarguras el amor que los une.

PUBLICADO EN: poesiadelmomento.com